Durante gran parte del siglo XX, las fuerzas armadas fueron uno de los espacios más cerrados para las personas LGBTIQ+. La idea de que la homosexualidad o la identidad trans eran incompatibles con la disciplina militar llevó a expulsiones, persecuciones y prohibiciones en decenas de países. Sin embargo, en las últimas tres décadas el panorama ha cambiado de manera importante, aunque de forma desigual. Hoy, más de medio centenar de países permiten que personas LGBTIQ+ sirvan abiertamente en sus fuerzas armadas, pero la aceptación real varía enormemente entre regiones.
México: apertura legal, pero desafíos culturales
México ocupa una posición intermedia en el contexto internacional. Formalmente, no existe una prohibición para que personas homosexuales, lesbianas o bisexuales formen parte del Ejército, la Fuerza Aérea o la Armada. Diversos análisis señalan que desde la década pasada el servicio abierto de personas LGBTIQ+ es legal y ya no constituye una causal oficial de baja.
Sin embargo, especialistas advierten que la inclusión legal no siempre se traduce en inclusión cotidiana. Investigaciones de la Facultad de Medicina de la UNAM realizadas con personal militar LGBTIQ+ encontraron que muchos elementos perciben una disminución de la discriminación respecto a décadas anteriores, pero siguen existiendo prácticas institucionales heteronormativas, temor a visibilizar la orientación sexual y barreras para acceder a servicios de salud adaptados a sus necesidades.
Además, datos del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) muestran que entre 2011 y 2025 se registraron casos de presunta discriminación contra integrantes LGBTIQ+ de las Fuerzas Armadas, lo que evidencia que la igualdad jurídica aún no se traduce plenamente en igualdad de trato.
Los países más inclusivos
Las fuerzas armadas de países como Canadá, Reino Unido, España, Nueva Zelanda y Países Bajos suelen citarse entre las más inclusivas. Además de permitir el servicio abierto de personas LGBTIQ+, han desarrollado políticas explícitas contra la discriminación, redes de apoyo internas y, en algunos casos, reconocimiento de personal transgénero dentro de las propias estructuras militares.
En varios de estos países es común ver contingentes militares participando en actividades institucionales relacionadas con la diversidad, algo impensable hace apenas unas décadas.
Donde aún existen restricciones
El panorama cambia drásticamente en varios países de Europa Oriental, Asia y Medio Oriente.
En Rusia no existe una prohibición explícita para las personas homosexuales, pero organizaciones de derechos humanos han documentado entornos altamente hostiles y una ausencia de mecanismos de protección.
En Turquía la homosexualidad no está criminalizada, pero históricamente las fuerzas armadas han considerado la orientación sexual como una condición incompatible con el servicio en determinadas circunstancias.
En varios países de Medio Oriente, donde las relaciones entre personas del mismo sexo siguen siendo ilegales, el servicio militar para integrantes de la diversidad sexual es prácticamente imposible o implica un riesgo significativo de persecución. Esta situación se observa especialmente en países donde la legislación penaliza la homosexualidad.
El caso trans: la nueva frontera del debate
Si la aceptación de personas homosexuales ha avanzado en gran parte del mundo occidental, la situación de las personas transgénero sigue siendo mucho más compleja.
En 2025, el gobierno de Estados Unidos impulsó restricciones para impedir el ingreso y permanencia de personas trans en las fuerzas armadas. Aunque tribunales federales han considerado que dichas medidas podrían ser discriminatorias, el tema continúa inmerso en disputas judiciales y políticas.
Por el contrario, países como Canadá, España, Reino Unido y Nueva Zelanda permiten de manera formal el servicio de personas trans y han desarrollado protocolos específicos para garantizar atención médica y reconocimiento de identidad de género.
Un reflejo de la sociedad
Los ejércitos suelen reflejar los cambios culturales de los países a los que pertenecen. Cuando una sociedad amplía derechos y combate la discriminación, las instituciones militares terminan adaptándose, aunque normalmente lo hacen más lentamente que otros sectores.
En el caso mexicano, el principal reto ya no parece ser la existencia de una prohibición formal, sino la construcción de una cultura institucional donde un militar pueda vivir abiertamente su orientación sexual o identidad de género sin temor a estigmatización, afectaciones en su carrera o discriminación. Los estudios disponibles sugieren que el avance legal existe, pero que la inclusión plena sigue siendo una tarea pendiente.
La gran diferencia en 2026 ya no está entre los países que permiten o no permiten servir a personas LGBTIQ+, sino entre aquellos que garantizan igualdad real dentro de los cuarteles y aquellos donde la aceptación sigue dependiendo del silencio.
