Trump conserva la Casa Blanca, pero perdió el control del Congreso: ¿qué cambia?

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Donald Trump no perdió la Presidencia, pero sí sufrió un golpe político que puede marcar el resto de su segundo mandato. En las elecciones intermedias del pasado 3 de noviembre, los estadounidenses cambiaron el equilibrio de poder en Washington: los demócratas consiguieron el control de las dos cámaras del Congreso, algo que complica considerablemente los planes del mandatario republicano.

Para entender por qué esto importa, primero hay que saber que en Estados Unidos el presidente no tiene todo el poder para decidir por su cuenta. El Congreso, integrado por la Cámara de Representantes y el Senado, tiene la facultad de aprobar leyes, autorizar presupuestos, supervisar al gobierno y participar en decisiones fundamentales para el país.

Y justamente ahí está el problema para Trump: durante sus primeros dos años de este segundo mandato contó con mayorías republicanas que facilitaron el avance de buena parte de su agenda. Ahora tendrá que negociar con un Congreso controlado por sus adversarios políticos.

¿Qué son las elecciones intermedias y por qué importan tanto?

Las llamadas midterm elections se realizan cada cuatro años de manera alternada con las elecciones presidenciales, es decir, a la mitad del periodo de gobierno. En ellas se renuevan los 435 escaños de la Cámara de Representantes, aproximadamente un tercio del Senado y diversos cargos estatales.

Aunque el nombre puede hacer pensar que se elige a otro presidente, no es así. Trump seguirá ocupando la Casa Blanca porque su mandato no está en juego en estas votaciones.

Sin embargo, los resultados funcionan como una evaluación política de la administración en turno. En esta ocasión, el electorado le dio una importante victoria a los demócratas, quienes lograron avances incluso en territorios que habían respaldado ampliamente a Trump en 2024.

La economía, el aumento del costo de vida, los aranceles y el descontento por la guerra contra Irán estuvieron entre los factores que marcaron el voto. De acuerdo con encuestas de salida citadas por Reuters, casi nueve de cada diez votantes consideraron el costo de vida un factor importante para decidir su voto.

Entonces, ¿qué cosas ya no podrá hacer Trump tan fácilmente?

No significa que el presidente haya perdido todas sus facultades, pero sí que varias de sus decisiones tendrán que enfrentar nuevos obstáculos.

1. Aprobar leyes sin negociar con los demócratas

Este es uno de los cambios más importantes. Con ambas cámaras bajo control demócrata, Trump tendrá mayores dificultades para convertir sus propuestas en leyes.

Por ejemplo, si quiere impulsar nuevas reformas fiscales, modificar programas sociales o conseguir recursos para determinados proyectos, necesitará convencer a legisladores que no necesariamente comparten sus prioridades.

Además, aunque los demócratas consigan aprobar iniciativas en el Congreso, el presidente conserva su derecho de veto. Para superar ese veto se necesita una mayoría de dos tercios en ambas cámaras, algo que los demócratas no consiguieron en estas elecciones.

En otras palabras, ninguno de los dos bandos tendrá vía libre.

2. Nombrar funcionarios y jueces sin obstáculos

Aquí entra en juego el Senado, que tiene una responsabilidad fundamental: confirmar numerosos nombramientos presidenciales, incluidos integrantes del gabinete, embajadores y jueces federales.

Con los demócratas al frente de esta cámara, Trump podría encontrar dificultades para conseguir la aprobación de los perfiles que quiera colocar en puestos estratégicos.

Esto es especialmente importante porque los jueces federales pueden ocupar sus cargos de por vida y sus decisiones influyen durante décadas en la interpretación de las leyes estadounidenses.

3. Su gobierno estará bajo la lupa

Probablemente este sea uno de los puntos más delicados para el mandatario.

La mayoría demócrata tendrá el control de las comisiones legislativas y, con ello, la posibilidad de organizar audiencias, solicitar documentos y citar a funcionarios para que expliquen las decisiones de la administración.

Entre los asuntos que los demócratas han anticipado que quieren investigar están las actividades empresariales de la familia Trump, el manejo de la investigación relacionada con Jeffrey Epstein y posibles conflictos de interés o actos de corrupción dentro del gobierno.

Esto no significa que automáticamente se vaya a demostrar alguna irregularidad, pero sí que la Casa Blanca tendrá que enfrentar un mayor escrutinio político y legislativo.

4. Tendrá más dificultades para conseguir dinero para sus proyectos

El presupuesto también será un terreno de disputa.

El Congreso tiene un papel decisivo en la aprobación de los recursos federales, incluidos los destinados a defensa, seguridad, programas sociales y política exterior.

Esto significa que los demócratas podrán condicionar, negociar o intentar frenar el financiamiento de algunas de las prioridades de Trump.

Por ejemplo, podrían cuestionar el dinero destinado a determinadas operaciones militares, programas de defensa o iniciativas que consideren innecesarias.

La Casa Blanca ya no tendrá la misma facilidad para conseguir respaldo legislativo a sus planes presupuestarios.

5. Incluso podría enfrentar un nuevo intento de juicio político

Este es uno de los escenarios que más atención genera.

La Cámara de Representantes tiene la facultad de iniciar un proceso de impeachment, es decir, formular acusaciones políticas contra el presidente por posibles faltas graves.

Con el control de esta cámara, los demócratas tendrán mayor capacidad para impulsar un procedimiento de este tipo si consideran que existen motivos suficientes.

Pero hay una diferencia importante: iniciar un juicio político no significa destituir al presidente.

Para removerlo del cargo, el Senado tendría que declararlo culpable con el voto de dos tercios de los senadores presentes. Por eso, aunque un nuevo proceso podría convertirse en un problema político para Trump, no implica que vaya a salir de la Casa Blanca.

Pero cuidado: Trump todavía conserva mucho poder

Aunque el resultado representa un duro revés para el republicano, tampoco significa que los demócratas puedan deshacer automáticamente todas sus decisiones.

El presidente conserva facultades ejecutivas importantes, entre ellas la conducción de la política exterior, el mando de las Fuerzas Armadas y la posibilidad de emitir órdenes ejecutivas dentro de los límites de la ley.

Un ejemplo son los aranceles: aunque los demócratas quieran revertir algunas de sus medidas comerciales, buena parte de las facultades que Trump utiliza para imponerlos ya fueron delegadas al Ejecutivo mediante leyes anteriores. Para limitar esas atribuciones frente a un veto presidencial necesitarían una mayoría de dos tercios en ambas cámaras.

Por eso, el cambio de Congreso no significa que Estados Unidos vaya a modificar de inmediato su política comercial, migratoria o internacional.

¿Qué sigue para Trump?

Aunque los resultados ya están definidos políticamente, el nuevo Congreso no asumirá inmediatamente sus funciones. La nueva legislatura comenzará el 3 de enero de 2027, por lo que los republicanos todavía conservarán el control durante el periodo restante de la legislatura actual.

A partir de entonces comenzará una nueva etapa para Trump: dos años en los que tendrá que gobernar con un Congreso opositor, enfrentar investigaciones, negociar presupuestos y buscar acuerdos para sacar adelante sus propuestas.

Y hay otro elemento que no debe perderse de vista: las elecciones presidenciales de 2028 ya comienzan a perfilarse en el horizonte político estadounidense. Los demócratas tendrán la oportunidad de utilizar estos dos años para demostrar que pueden gobernar y presentar una alternativa, mientras que los republicanos tendrán que replantear su estrategia después de una derrota que alcanzó incluso a candidatos respaldados personalmente por Trump.

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