Un reportaje del New York Times reveló que organizaciones criminales en México han utilizado munición de alto calibre que originalmente fue fabricada en una planta administrada por el Ejército de Estados Unidos y que posteriormente ingresó de contrabando al país, lo que ha encendido el debate sobre el tráfico de armamento y fallas en los controles de seguridad.
De acuerdo con la investigación, carteles mexicanos han empleado munición de gran potencia (incluyendo proyectiles calibre .50) que habría sido producida en instalaciones vinculadas al Departamento de Defensa estadounidense y luego desviada hacia redes ilícitas de tráfico de armas que operan en la frontera.
El informe señala que el flujo ilegal de armas y municiones provenientes de Estados Unidos continúa siendo uno de los principales factores que fortalecen el poder de fuego de los grupos criminales en México, a pesar de los esfuerzos binacionales para frenar el contrabando. Expertos consultados advierten que el problema no solo radica en la venta ilegal en territorio estadounidense, sino también en fallas de trazabilidad, almacenamiento y desvío dentro de cadenas de suministro que pueden terminar en el mercado negro.
La revelación reaviva la discusión política en ambos países sobre la responsabilidad compartida en el combate al tráfico de armamento, particularmente en momentos en que el gobierno estadounidense ha endurecido el discurso de seguridad fronteriza y ha planteado acciones más agresivas contra los cárteles mexicanos.
Autoridades de seguridad y analistas consideran que este tipo de investigaciones podría presionar a Washington a reforzar los sistemas de control de municiones militares y a ampliar los mecanismos de cooperación con México para rastrear el origen de armas y proyectiles utilizados en actos de violencia vinculados al crimen organizado
