La administración del presidente estadounidense Donald Trump enfrenta críticas de historiadores, analistas y organizaciones de derechos humanos por reinterpretar y distorsionar la historia de la guerra entre México y Estados Unidos, con el objetivo de dar soporte retórico a su política exterior cada vez más agresiva en Latinoamérica.
Las acusaciones se intensificaron tras un pronunciamiento oficial de la Casa Blanca sobre el aniversario de la Guerra México-Estadounidense (1846-1848), en el que el conflicto fue descrito como una “legendaria victoria” que aseguró la soberanía estadounidense y expandió su independencia en el continente. Críticos sostienen que esa versión omite hechos clave (como el papel de la esclavitud y la política expansionista de la época) y presenta una narrativa sesgada con fines contemporáneos.
Claves de la controversia histórica
Historiadores señalan que la Guerra México-EE.UU. fue en realidad una invasión con profundas motivaciones territoriales y económicas, no una acción defensiva o gloriosa. Expertos como Alexander Aviña, profesor de historia latinoamericana, han calificado la declaración oficial como una simplificación histórica que busca legitimar acciones actuales del gobierno de Trump hacia la región.
Este enfoque coincide con una serie de políticas y declaraciones de la administración estadounidense que han sido interpretadas como esfuerzos por presentar el hemisferio occidental bajo una lógica de seguridad nacional expansiva. Tales políticas incluyen la designación de cárteles como organizaciones terroristas y la amenaza de mayor intervención regional en temas de narcotráfico e inmigración, criterios que críticos consideran justificantes de mano dura.
Repercusiones en la región
La reinterpretación histórica ha generado rechazo especialmente en México y otros países latinoamericanos, donde la dolorosa pérdida territorial tras la guerra del siglo XIX sigue siendo un tema sensible. En México, líderes políticos han defendido la soberanía nacional y han señalado que ni el pasado ni la seguridad actual pueden usarse para legitimar políticas intervencionistas o coercitivas.
Organizaciones como Human Rights Watch (HRW) también han advertido que la influencia de la retórica y las políticas de Trump en el continente están vinculadas a un aumento en abusos de derechos humanos, y que gobiernos de la región han justificado medidas represivas inspiradas en la agenda estadounidense de mano dura.
Entre historia y política
Analistas políticos consideran que esta reinterpretación no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia más amplia de la Casa Blanca por redefinir narrativas históricas para respaldar sus prioridades estratégicas actuales, desde la frontera sur hasta la política hacia Venezuela y otros países latinoamericanos.
Para los críticos, la revisión de hechos históricos con fines políticos no solo distorsiona la comprensión del pasado, sino que también puede influir en la justificación de políticas de seguridad, migración y defensa que afectan a millones de personas en el continente.
