Estados Unidos vs Colombia: del choque político a la mesa de diálogo en la Casa Blanca

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La relación entre Colombia y Estados Unidos, considerada durante décadas como una de las alianzas estratégicas más sólidas de Washington en América Latina, atraviesa uno de sus momentos más complejos. Lo que comenzó como diferencias políticas y estratégicas se transformó, en los últimos meses, en una crisis diplomática marcada por acusaciones públicas, amenazas veladas, reducción de cooperación y un choque directo entre los presidentes Gustavo Petro y Donald Trump. Aunque recientemente ambos gobiernos han dado señales de distensión, el futuro de la relación sigue siendo incierto y observado con atención en toda la región.

Antecedentes de una crisis que se fue gestando

El deterioro del vínculo bilateral se intensificó hacia finales de 2025, cuando el gobierno estadounidense decidió descertificar a Colombia como aliado clave en la lucha contra el narcotráfico, argumentando un aumento en la producción de coca y cuestionando la estrategia del gobierno de Petro. Aunque la medida no derivó de inmediato en sanciones severas, fue interpretada en Bogotá como una señal política de presión y desconfianza.

A este escenario se sumaron fricciones en materia de seguridad, luego de que Colombia expresara su inconformidad por acciones militares de Estados Unidos en el Caribe contra embarcaciones sospechosas de tráfico de drogas, acciones que el gobierno colombiano consideró un exceso y una violación al derecho internacional. En ese contexto, Petro planteó la posibilidad de suspender parcialmente el intercambio de inteligencia, lo que generó confusión y preocupación entre analistas y sectores de seguridad.

Venezuela como detonante regional

La crisis bilateral se agravó a inicios de 2026 tras una operación militar estadounidense en Venezuela que culminó con la captura de Nicolás Maduro. El hecho provocó una fuerte reacción en América Latina y, particularmente, en Colombia. Gustavo Petro condenó la intervención, calificándola como ilegal y advirtiendo que ese tipo de acciones incrementan la inestabilidad regional y ponen en riesgo la seguridad fronteriza de su país.

Las declaraciones del mandatario colombiano provocaron una respuesta inmediata desde Washington. Donald Trump endureció su discurso, acusó a Colombia de no hacer lo suficiente contra el narcotráfico y lanzó advertencias que fueron interpretadas como amenazas directas, elevando el tono del conflicto diplomático a un nivel inédito entre ambos países.

Cruce de declaraciones y escalada verbal

Durante varias semanas, el intercambio entre Petro y Trump se caracterizó por mensajes públicos cargados de confrontación. Trump acusó al gobierno colombiano de permitir el fortalecimiento de organizaciones criminales y de mantener una postura hostil hacia Estados Unidos, mientras Petro respondió defendiendo la soberanía nacional, destacando cifras récord en incautaciones de droga y señalando que la política antidrogas estadounidense ha fracasado históricamente.

Este choque verbal generó inquietud en los mercados, en sectores empresariales y en gobiernos de la región, ante el riesgo de que la crisis escalara hacia una ruptura más profunda con consecuencias económicas, diplomáticas y de seguridad.

La llamada que bajó la tensión

En medio del punto más alto de la confrontación, una llamada telefónica entre ambos mandatarios marcó un giro en el discurso. Tras más de una hora de conversación, Trump y Petro coincidieron en la necesidad de mantener abiertos los canales de diálogo y acordaron sostener una reunión bilateral en la Casa Blanca, prevista tentativamente para febrero de 2026.

Tras la llamada, el tono de ambos líderes cambió. Trump afirmó que fue “un honor” hablar con su homólogo colombiano, mientras Petro aseguró que el diálogo permitió reducir las tensiones y enviar un mensaje de tranquilidad. Aunque las diferencias de fondo persisten, el contacto directo fue interpretado como un intento claro de desescalar la crisis.

Lo más reciente

En los días posteriores, el presidente colombiano ha matizado su discurso sin abandonar su postura crítica. Petro afirmó que Colombia continúa cooperando con Estados Unidos en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico, pese a lo que calificó como insultos y amenazas, subrayando que su gobierno apuesta por una relación basada en el respeto mutuo.

Además, ha insistido en que la estabilidad regional no puede construirse mediante intervenciones militares, y ha propuesto explorar salidas diplomáticas, incluso planteando la posibilidad de un diálogo más amplio que incluya a Venezuela. Petro también ha señalado que Colombia no renunciará a su soberanía ni aceptará presiones externas, pero reconoce la importancia estratégica de mantener una relación funcional con Washington.

La reunión en la Casa Blanca y lo que está en juego

El encuentro anunciado entre Petro y Trump será clave para definir el rumbo de la relación bilateral. En la mesa estarán temas sensibles como la cooperación antidrogas, la situación en Venezuela, el respeto a la soberanía colombiana, la seguridad regional y el futuro de los programas de asistencia y cooperación.

Analistas coinciden en que la reunión representa una oportunidad para recomponer la relación, aunque advierten que el margen de maniobra es limitado si no se logran acuerdos concretos y un cambio sostenido en el tono político.

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