Un grupo policial civil bajo bajo el mando del secretario de Seguridad, Omar García Harfuch
En un giro significativo en la estrategia de seguridad del país, la administración de Claudia Sheinbaum está reconstruyendo una fuerza policial civil de élite destinada a combatir el crimen organizado. La Unidad Nacional de Operaciones (UNO), bajo el mando directo del secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, busca recuperar el liderazgo de las fuerzas civiles frente a la creciente militarización de la seguridad.
Un cambio de estrategia en la lucha contra los cárteles
Seis años después de la desaparición de la Policía Federal y la consolidación de la estrategia militar en seguridad, Sheinbaum ha dado un giro en la política de combate al crimen organizado. La presidenta ha dejado atrás la estrategia de “Abrazos, no balazos” de su predecesor, centrada en abordar las causas de la delincuencia sin confrontación directa con los grupos criminales. Ahora, con la presión de Estados Unidos sobre el gobierno mexicano para que intensifique sus acciones contra los cárteles, García Harfuch busca establecer una unidad policial civil que opere con independencia del Ejército y la Guardia Nacional.
Aunque aún no se han revelado oficialmente los detalles de la UNO, su existencia es un secreto a voces entre exintegrantes de la desaparecida Policía Federal, un cuerpo en el que García Harfuch inició su carrera y en el que ha buscado aliados.
Recientemente, se filtró un video sobre la graduación de 54 elementos de la unidad, y tres funcionarios confirmaron a la agencia AP su existencia, aunque pidieron anonimato por no estar autorizados a dar declaraciones.
Inteligencia, investigación y operatividad
El proyecto de la UNO comenzó a gestarse desde la llegada de Sheinbaum al poder. Actualmente, cuenta con 250 elementos, con la meta de alcanzar los 800 efectivos para finales de año. Su objetivo es consolidarse como un grupo altamente capacitado en operativos especiales e investigación criminal.
Los integrantes de esta unidad provienen, en su mayoría, de la Policía Federal y de equipos de operaciones especiales creados por García Harfuch en la Policía de la Ciudad de México. Muchos de ellos han recibido entrenamiento de fuerzas de elite en Estados Unidos, Colombia, España y Francia.
La UNO dependerá de la Subsecretaría de Inteligencia e Investigación y contará con un presupuesto alterno, tres coordinaciones regionales y una sección especializada en operativos de alto impacto, descrita por funcionarios como “la élite de la élite”.
Aunque la unidad aún no ha sido inaugurada oficialmente, ya ha realizado acciones significativas. Uno de sus primeros logros fue coordinar el traslado de 29 narcotraficantes de alto perfil a Estados Unidos en febrero, un operativo complejo que requirió la colaboración entre ambos gobiernos.
García Harfuch también ha intensificado el diálogo con Washington para restablecer la cooperación bilateral en materia de seguridad, tras las restricciones impuestas por el expresidente López Obrador a la actividad de agentes estadounidenses en México.
Un pasado polémico y un futuro incierto
México ha intentado durante dos décadas consolidar una fuerza policial civil capaz de hacer frente al crimen organizado, con resultados dispares. La Policía Federal, promovida por Genaro García Luna, fue desmantelada en 2018 por acusaciones de corrupción y presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa. García Harfuch, quien inició su carrera en ese periodo, ha negado cualquier relación con García Luna.
Durante el sexenio de López Obrador, se desmanteló gran parte de la estructura de seguridad civil y se redujeron los fondos para las corporaciones locales, lo que debilitó su capacidad operativa frente al crimen organizado. Sheinbaum, en cambio, ha optado por operativos más agresivos y por otorgarle mayor poder a su secretario de Seguridad en detrimento del control militar.
Sin embargo, la resistencia de las Fuerzas Armadas ha complicado este proceso. De acuerdo con el analista David Saucedo, García Harfuch ha enfrentado obstáculos como la falta de acceso a vehículos, bases de datos y carpetas de investigación controladas por el Ejército. “Lo que hace con la UNO es dotarse de colmillos”, afirmó Saucedo.
El reto: evitar la corrupción
Históricamente, los grupos de operaciones especiales en México, ya sean de la Marina, el Ejército o las fuerzas policiales, han estado envueltos en casos de abusos, ejecuciones extrajudiciales y colusión con el crimen organizado. “Es cierto que hubo muchos casos graves”, reconoció un funcionario federal, “pero también existieron oficiales honestos que hicieron bien su trabajo”.
Para evitar repetir errores del pasado, la Secretaría de Seguridad ha establecido controles más estrictos para el reclutamiento de la UNO. Se exige a los aspirantes estudios universitarios, se les ofrece mejores sueldos y se realizan investigaciones de antecedentes rigurosas para minimizar el riesgo de infiltración criminal.
García Harfuch también ha promovido la creación de unidades de elite en estados clave gobernados por su partido. La UNO entrenará fuerzas especiales en Michoacán, Tamaulipas, Estado de México, Veracruz y Chiapas. En este último estado, donde los principales cárteles del país se disputan el control fronterizo, ya se ha conformado una unidad especial denominada “Los Pakal”, integrada por 500 elementos.
Algunos observadores consideran que la lealtad interna y la coordinación bajo un mando único podrían hacer de la UNO un cuerpo más efectivo que sus predecesores. Sin embargo, expertos como Saucedo advierten que, sin mecanismos de control y supervisión adecuados, esta nueva fuerza podría incurrir en los mismos abusos que otros grupos de operación especial en el pasado.